miércoles, 28 de abril de 2010

Deja entrar al correcto



Hay en cartelera dos cintas con protagonistas de corta edad, que si bien tienen resultados desiguales, coinciden en dos puntos importantes: son películas con la etiqueta de “terror”, pero que saben desarrollar genuinamente un soporte dramático que hace creíble lo sobrenatural; y sobre todo, unos potenciales grandes actores que conjugan su juventud con un desempeño que en verdad llega a ser inquietante.

La mas reciente de estas es “Caso 39”, que tiene como cabeza de cartel a Renée Zellweger, (quien realmente no da la hora al lado de Jodelle Ferland) cuya simple historia llega hacer sintonía con lo que puede ocurrir habitualmente: una preadolescente maltratada por sus padres, es rescatada por la trabajadora social Emily antes de que estos la asesinen de una manera atroz; este hecho crea un lazo entre las dos féminas que inevitablemente llevan a Emily hacerse con la custodia de la niña, de nombre Lilith (ok, con ese nombrecito, pudo sospechar algo) el caso es que los padres, recluidos en un sanatorio, al parecer no estaban tan equivocados al creer que su hija era una amenaza infernal… y es en el desarrollo de esa verdadera personalidad oculta de Lilith, donde encontramos lo mejor del film. La ternura demostrada en el principio de la historia, la languidez de su mirada en juego con su fragilidad, dejan paso a un monstruo manipulador y desalmado, que no necesita de maquillaje (bueno en algunas escenas) ni de escupir sangre y/o demás fluidos para aterrorizar. Es tal vez la dualidad de la inocencia y la crueldad, que parece llevar como un juego sin remordimientos, lo que hace verídico su desempeño, mucho mas allá de los gritos plañideros de Brigitte perdón, Renée Zellweger, y mas allá de una trama que tal vez no puso énfasis en los otros caracteres de la historia, al parecer por la premura del tiempo de duración de la cinta, lo cual hubiera ido en contra de su comercialización. Y se puede atribuir a esto también la algo rápida resolución de las cosas, en un final que si bien no es tan concesivo o inconsistente como el grueso de las películas de terror actuales, tampoco lleva la cinta a un nivel que la haga despegar muy lejos del resto; pero eso si, esta criaturita Ferland, deja a este film definitivamente un paso adelante.

El sub genero de los chupa sangre ha tenido (o sufrido) un revival en este ultimo lustro, ya sea por series como “Vampire Diaries” o “True Blood”, pero principalmente por la edulcorada historia de Bella y Edward Cullen, a estas alturas, la trilogía imprescindible de las adolescentes (y no tanto) enamoradas. Pero girando la cabeza un poco hacia el este, a la Europa nórdica, nos llega desde Suecia una historia sugerente desde el titulo: “Let The Right One In”. Y nos llega incomprensiblemente con un atraso de casi dos años, ante lo cual solo nos queda menear la cabeza y agradecer que al menos llego… y ahora que por estos lares empieza asomar tímidamente un primer esbozo del invierno, se hace mas fácil adentrarnos en la atmosfera glaciar y minimalista que nos propone el director, con grandes silencios, con espacio para la contemplación y sobre todo para encontrar en esas estériles locaciones y encuadres, un pequeño pero agudo dolor, una melancolía discreta pero infinita, encontramos y palpamos esa desesperanza de dos adolescentes obligados por las circunstancias a ser mas grandes, a dos seres cuyo vinculo es la incapacidad de relacionarse con el resto del mundo, un vinculo que se hace indestructible e inevitable, en el que la aceptación mutua hacen prescindibles todas las ataduras anteriores, una relación impermeable a lo correcto y a lo moral.
No entrare en mas detalles sobre el desarrollo de la película en si, solo me queda resaltar que todo el esfuerzo del director por adentrarnos en esta suerte de entresueño inquietante no hubiera resultado si no fuera por el desempeño de la pareja protagonista, y sobre todo de Lina Leandersson, quien con la mirada perdida y la desesperanza reflejada mas en lo que calla que en lo que dice, se vuelve una grata promesa de un cine que esperemos en el futuro pueda ser apreciado por muchas mas personas, personas que mas allá de un buen momento o un rato de diversión en el cine, busquen emociones verdaderas, y se den cuenta que mas allá de los géneros por los que puede discurrir una película o las modas que pueda acaparar o no, hay obras que en su rebuscada belleza pueden llegar a conmovernos y hacer que salgamos de la sala oscura con una perspectiva nueva de lo que es realmente el séptimo arte. Solo deja entrar al correcto.

La ciudad de la furia


Si hay algo que puede acabar con mi esmerada paciencia Zen, es esperar. Tal vez debido a los últimamente seguidos conciertos que hay por acá, me he acostumbrado a otro padecimiento: las multitudes; o al menos puedo asimilarlo. El caso es que en ciertas ocasiones, la furia de la espera se puede ver aplacada por el gratificante momento que se ve venir, que colma tus expectativas… lo que no fue el caso ayer.
Me refiero por supuesto a “Furia de Titanes”. No esperaba una historia superior a “El Padrino”, un desarrollo impecable como “El Señor de los Anillos”, o una estética desternillante como “Kill Bill”; pero vamos, esperaba más acción y espectacularidad.
La cantidad de gente que entro (ni mas voy a un estreno) me impidió conseguir buenas ubicaciones, y tal vez eso contribuyo a no poder disfrutarla mejor; por otro lado también es la primera película que veo en 3d (con su significativo incremento de precio) lo cual también genero mas expectativas de mi parte… pero seamos generosos. No es una mala cinta. Con el entusiasmo y la previsión necesarias, es una película familiar que se puede disfrutar sanamente, sin complicarte por el argumento (imagino que la mayoría se lo sabe de antemano en mayor o menor medida) asistiendo a buenas, aunque no suficientes, escenas de acción y por supuesto, espectaculares efectos especiales.
Acción y espectacularidad. Lo reitero, los ingredientes principales que podíamos esperar de este Blockbuster son dados con cierta tacañería, lo cual es extraño teniendo en cuenta que los creadores de la historia ya saben de antemano a que vamos nosotros los espectadores, ovejas sedientas de sangre y saturación de efectos, espectadores que a mi parecer no quedamos del todo satisfechos, a pesar del hermoso Pegaso y su vuelo a través de los tentáculos del enemigo, a pesar del combate con los escorpiones gigantes y luego con medusa, a pesar de la belleza de los protagonistas principales; a pesar de tener a Liam Neeson como Zeus y a Ralph Fiennes como Hades; a pesar de todo, falto algo; o como explicar que el monstruoso Kraken se demore mas en salir del mar, que en ser anulado por Perseo? Como aceptar que Hades solo intercambie un par de frases con el mismo Perseo antes de ser enviado de nuevo al inframundo? Habrán muchos que salgan con la sonrisa en el rostro, satisfechos con su racionada porción de acción-humor-efectos-gente linda, pero creo que yo me encuentro entre los pocos. Y es que reitero (again) no es una mala película, es bastante disfrutable, pero a mi parecer no valen la pena las 2 horas de espera, la interminable cola para entrar, el ponerme lentes sobre lentes para luego devolverlos… no valió la pena la mega fuente de pop corn (ni el mismísimo Kraken la hubiera terminado) que mi bienamada compañera cinemera invito; solo salimos con la pequeña satisfacción del capricho cumplido, mas no la de haber disfrutado de verdad, de haber contribuido alimentar nuestra adicción al ecran… lo único que parece ser seguro, dado el final de la pela y la generosa taquilla, es que tengamos Perseo para un par de cintas mas… que liberen al Kraken!!!

viernes, 23 de abril de 2010

No hay cuchara


Estamos a casi 11 años del estreno de la primera película, a casi 7 de las 2 secuelas, y sin embargo, hay muchas personas y marcianos que aun vemos la ciencia ficción a través del código numérico y de katakana que cae, incomprensible, verde y hermoso por la pantalla del ordenador; y es que hubo un antes y un después de “Matrix”. Es seguramente la saga que he visto más veces (comparable solo a la de “Star Wars”) y es que me genero una fascinación irrepetible, ya que mezclaba casi todos los elementos que despiertan mi avidez: los alucinantes efectos, las artes marciales, la estética oscura, la música electrónica, y sobre todo una historia que cuestiona el ser, el estar, la realidad. Ríos de tinta han corrido alabando hasta el hastío la originalidad de la cinta y otros tantos sacando en cara todas las fuentes de donde realmente se nutren las ideas centrales de la historia; al final todos confluyen ineludiblemente en agrandar su mito, nos guste o no.
Y a pesar de las irregulares actuaciones (es conocida la pétrea expresividad de Keanu Reeves), y otros defectos que al menos desde mi parcializada posición no llego a distinguir, estamos ante una película de culto y de largo aliento. Esta bien, no he visto “Abre los ojos” ni su remake gringo “Vanilla sky”, tampoco el manga del que leí hace unos días “Megazone 23” (que realmente me parece interesante), entonces a mis ojos y a los de mucha gente fue toda una novedad, un universo por descubrir; una de las cosas que me encanto fue la idea del anti-héroe. Pero no sobre el arquetipo del compadrito duro, fuera de la ley, o que se vuelve rudo y acaba con todos mientras suelta alguna frase “graciosa” (léase entupida) muy al gusto del cine de Hollywood; acá el héroe realmente no esta preparado, no se lo cree, y lo poco que nos transmite Keanu (repito, expresivo como una cabeza clava) es esa inseguridad, esa incredulidad, y que a fuerza de necesidad se va reconociendo como el elegido que es; por supuesto me encanta como se maneja esos paralelismos mesiánicos del protagonista, así como el despertar que supone para el la realidad: nada de lo que siempre pensó que vivía… nunca se han preguntado si es así? Nunca han visto la realidad como algo impuesto? Tal vez no estamos atrapados por unas maquinas en un capullo, pero realmente estamos viviendo física y palpablemente nuestras vidas, o las estamos percibiendo? Bueno, creo que estoy desvariando, recordando esos inviernos de noches interminables, en que no había mejor opción que ponerme mi sobre todo negro y largo hasta las pantorrillas, no había rayo solar sin que me pusiera mis lentes de sol (de 10 soles) comprados en el puente de Megaplaza, pero carajo, tenían que verlos, eran iguales a los de Neo, lastima que los perdí en Huaraz… pero sobre todo, una influencia que hasta ahora prevalece fue el pensar, cuando vi el making off de Reloaded y Revolutions: si ese actor occidental puede asimilar tan bien los movimientos de las artes orientales, podría yo?... desde entonces que practico kung fu. Y desde entonces, tras cientos de repeticiones de las 3 pelas y Animatrix, puedo decir que es MI película. La que también cuestiona el uso de la inteligencia artificial y que nos presenta ese futuro apocalíptico, la que hasta hoy, estéticamente, sigue siendo mi favorita, aunque al final como que no pudo safar del enredo que había creado y tuvo una salida algo simplona, y a pesar que la batalla final, aunque espectacular fue demasiado “Dragon ball”; aun con todas las criticas, no haría mas que tirarme hacia atrás, lentes oscuros, saco al viento, y pensar: there is no spoon…

Show me, the way, to the next…


Quien era realmente Jim Morrison? Un elegido incomprendido? Un profeta del averno? La reencarnación de un espíritu indio americano? Tal vez solo un borracho y drogadicto con talento? Quizá todas estas cosas y muchas mas, tantas como las percepciones que tenia la gente acerca de el. Para mí, sin lugar a dudas, fue un elegido. Un elegido para sacudir las cabezas de una generación, y para dejar una huella indeleble en las posteriores: a mas de 40 años de su creación, letras como “The end”, “Ryders on the storm”, o “When the music’s over” siguen siendo tan crípticas, retorcidas y escandalosas como entonces, cuando lo bajaban del escenario en medio de su demencial frenesí; y fue ese frenesí perpetuo en el que vivió su corta juventud, el que sirvió como válvula de escape a la mojigata sociedad gringa de entonces, todo un mal ejemplo que abrió muchos pares de ojos. Ayer corone varios años de disfrute de su pecaminosa música (cuantas borracheras violentas con “When the music… “) viendo la excelente adaptación que Oliver Stone hizo sobre su vida y milagros. Si bien no he visto mucho de su obra anterior, puedo relacionarla perfectamente a “Natural born killers”, hecha posteriormente y en la que se puede apreciar ese aire de locura, desenfreno (ya antes lo mencione, Woody Harrelson lo interpreta perfectamente) y esa espiral decadente en la que finalmente sucumbió el rey lagarto, llevándose con el los secretos de esa mente atormentada, de esas complejas letras y armonías adelantadas a su época, en fin, un transgresor que fue adorado y repudiado por igual, pero que sin duda y después de todo este tiempo puede aun mover las pulsaciones animales, tanaticas de quienes apreciamos su música, y que nos sentimos alados, malditos, escogidos para seguir esa zenda de la perdición que marco al compás de su gutural voz; volviendo a la película (que naturalmente no es una biografía a pie juntillas) resaltan las imágenes oníricas, pesadillescas que tratan de atisbar lo que pasaba por la loca cabeza del cantautor, interpretado con maestría por un Val Kilmer realmente parecido físicamente, y evidentemente conectado al personaje que interpreta por el hilo de la admiración, y es naturalmente el quien se come la pantalla, sin dejar de lado a otros destacados como Kyle MacLachlan en el papel de Ray Manzarek, y sobre todo a Meg Ryan, una grata sorpresa, al menos para mi, en medio de una película naturalmente ajena a sus parametrados papeles en casi todas las comedias románticas de la época; y por supuesto la música, grandes momentos como el grupo haciendo un pacto en el desierto, mientras se recita la letra “The end”, o en uno de sus conciertos, cuando aparecen bailando junto a el espíritus indios aunándose al éxtasis tribal… pero lo que esta muy buena película no podrá, ni nada de lo que se pueda escribir o contar, es unirse a ese tren a punto de descarrilarse que es su música; unirse a ese viaje desmesurado, el que sabemos que va por la ruta del exceso…