

Hay en cartelera dos cintas con protagonistas de corta edad, que si bien tienen resultados desiguales, coinciden en dos puntos importantes: son películas con la etiqueta de “terror”, pero que saben desarrollar genuinamente un soporte dramático que hace creíble lo sobrenatural; y sobre todo, unos potenciales grandes actores que conjugan su juventud con un desempeño que en verdad llega a ser inquietante.
La mas reciente de estas es “Caso 39”, que tiene como cabeza de cartel a Renée Zellweger, (quien realmente no da la hora al lado de Jodelle Ferland) cuya simple historia llega hacer sintonía con lo que puede ocurrir habitualmente: una preadolescente maltratada por sus padres, es rescatada por la trabajadora social Emily antes de que estos la asesinen de una manera atroz; este hecho crea un lazo entre las dos féminas que inevitablemente llevan a Emily hacerse con la custodia de la niña, de nombre Lilith (ok, con ese nombrecito, pudo sospechar algo) el caso es que los padres, recluidos en un sanatorio, al parecer no estaban tan equivocados al creer que su hija era una amenaza infernal… y es en el desarrollo de esa verdadera personalidad oculta de Lilith, donde encontramos lo mejor del film. La ternura demostrada en el principio de la historia, la languidez de su mirada en juego con su fragilidad, dejan paso a un monstruo manipulador y desalmado, que no necesita de maquillaje (bueno en algunas escenas) ni de escupir sangre y/o demás fluidos para aterrorizar. Es tal vez la dualidad de la inocencia y la crueldad, que parece llevar como un juego sin remordimientos, lo que hace verídico su desempeño, mucho mas allá de los gritos plañideros de Brigitte perdón, Renée Zellweger, y mas allá de una trama que tal vez no puso énfasis en los otros caracteres de la historia, al parecer por la premura del tiempo de duración de la cinta, lo cual hubiera ido en contra de su comercialización. Y se puede atribuir a esto también la algo rápida resolución de las cosas, en un final que si bien no es tan concesivo o inconsistente como el grueso de las películas de terror actuales, tampoco lleva la cinta a un nivel que la haga despegar muy lejos del resto; pero eso si, esta criaturita Ferland, deja a este film definitivamente un paso adelante.
El sub genero de los chupa sangre ha tenido (o sufrido) un revival en este ultimo lustro, ya sea por series como “Vampire Diaries” o “True Blood”, pero principalmente por la edulcorada historia de Bella y Edward Cullen, a estas alturas, la trilogía imprescindible de las adolescentes (y no tanto) enamoradas. Pero girando la cabeza un poco hacia el este, a la Europa nórdica, nos llega desde Suecia una historia sugerente desde el titulo: “Let The Right One In”. Y nos llega incomprensiblemente con un atraso de casi dos años, ante lo cual solo nos queda menear la cabeza y agradecer que al menos llego… y ahora que por estos lares empieza asomar tímidamente un primer esbozo del invierno, se hace mas fácil adentrarnos en la atmosfera glaciar y minimalista que nos propone el director, con grandes silencios, con espacio para la contemplación y sobre todo para encontrar en esas estériles locaciones y encuadres, un pequeño pero agudo dolor, una melancolía discreta pero infinita, encontramos y palpamos esa desesperanza de dos adolescentes obligados por las circunstancias a ser mas grandes, a dos seres cuyo vinculo es la incapacidad de relacionarse con el resto del mundo, un vinculo que se hace indestructible e inevitable, en el que la aceptación mutua hacen prescindibles todas las ataduras anteriores, una relación impermeable a lo correcto y a lo moral.
No entrare en mas detalles sobre el desarrollo de la película en si, solo me queda resaltar que todo el esfuerzo del director por adentrarnos en esta suerte de entresueño inquietante no hubiera resultado si no fuera por el desempeño de la pareja protagonista, y sobre todo de Lina Leandersson, quien con la mirada perdida y la desesperanza reflejada mas en lo que calla que en lo que dice, se vuelve una grata promesa de un cine que esperemos en el futuro pueda ser apreciado por muchas mas personas, personas que mas allá de un buen momento o un rato de diversión en el cine, busquen emociones verdaderas, y se den cuenta que mas allá de los géneros por los que puede discurrir una película o las modas que pueda acaparar o no, hay obras que en su rebuscada belleza pueden llegar a conmovernos y hacer que salgamos de la sala oscura con una perspectiva nueva de lo que es realmente el séptimo arte. Solo deja entrar al correcto.



