lunes, 26 de julio de 2010

Peloton



El señor Oliver Stone, autor de destacadísimos títulos como “Natural Born Killers”, “The Doors”, “JFK” o “Platoon”, salio por estos días en algunas portadas, acompañado de cierto presidente sudamericano con el que muchos francamente no comulgamos, y al que recientemente ha dedicado un documental que amenaza con tener segunda parte… y bueno, esta en pleno derecho de tener una posición política digamos, resistida, lo cual no hace mella en el valioso legado que nos ha dejado en el devenir de su prolífica carrera, ni en los futuros proyectos que lo vuelvan a poner en la palestra. Entonces, separando papas de camotes, podemos ahondar en lo que realmente nos importa como publico, sus películas, y dejar la política a los rateros, perdón a los políticos. Aunque si damos una ojeada a su azarosa biografía, podríamos entender el porque de esa postura siempre critica al modo en que se llevan las cosas en su país, así como podríamos entender que nadie nos podía ofrecer una visión mas acertada de lo vivido en Vietnam, ya que el lo sufrió en carne propia: me refiero a “Platoon”. Estelarizada por quienes en ese momento estaban empezando a forjar su leyenda, y que hoy, en menor o mayor medida, hacen la diferencia en la industria: nombres como Charlie Sheen, Forrest Whitaker, Johnny Depp, y sobre todo, William Dafoe (para la posteridad su dramática escena final), quien sin dejar de poner ese acento único de quieto desenfado en sus personajes, da una muestra descarnada de su versatilidad. Y así como el, todos los mencionados y varios mas a quienes el paso del tiempo no asentó tan bien, ponen su máximo esfuerzo en mostrarnos una historia cruda, una historia sin héroes ni proezas bélicas, nos muestran a un puñado de hombres confundidos, buscando desesperadamente la salida a un infierno que no eligieron, que no soportan y que no alcanzan a entender… y esa desnudes emocional nos atrapa en la atmosfera siempre reconocible de Stone, apoyándose en la música, en la agresividad del ambiente, uniéndonos al viaje decadente que realiza el protagonista, un chico que se enrola voluntariamente al ejercito porque esta cansado de su vida, indignado de la injusticia que significa ver el que solo la gente pobre y segregada de su país es la enlistada y encargada de devolver los ideales de paz y libertad que les vendieron; pero al poco tiempo cae en cuenta del error que cometió, del que se arrepiente pero del que no hay vuelta atrás: tiene que avanzar, cual dante sesentero, en medio de toda la podredumbre, viendo como sus propios compañeros y el se transforman en los monstruos que siempre dijeron repudiar, tiene que avanzar hasta lograr la redención, hasta justificar toda esa miseria y justificarse el; finalmente caerá en cuenta que lo que le toco vivir nunca lo dejara, y esto es una carga y una responsabilidad que la mayoría no atisbara a comprender… “… la guerra realmente era con nosotros mismos…” es parte del monologo final de la cinta, y solo podría agregar que refleja claramente la intención del director: la de hacernos ver que mas allá de las justificaciones e intereses alrededor de los conflictos, lo que final e imperecederamente queda es el dolor.
Nadie gana en las guerras. Al final, todos perdemos algo.

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