Desde mi anacrónica y ya algo paleolítica niñez, me he sentido atraído y facinado por lo que encierra la cultura oriental. Ocioso seria enumerar (y encima cronológicamente) todo lo que en estos años me ha unido a ella: mis pininos a los 5 años en el Karate, la irresistible mirada de mi compañerita Romy Arakaki Arakaki, cuando le dije que sea mi pareja de marinera, allá en 6to grado; mi preparación en Taekwondo a los 13, cuando sabia que entraría a un colegio de pirañas; ya una década después, el descubrimiento del Kung Fu chino y todo lo que el ha conllevado: el gusto por hacer y sobre todo comer, chifa, las pocas palabras que he aprendido del mandarin, (y contar hasta 10) la astrología, los adornos de mi cuarto… y ahora, casi otra década mas tarde, me encuentro trabajando con japoneses, empezando apreciar su comida e idioma, cayendo inevitablemente en las redes de su belleza femenina; y es aquí donde doy el paso de la cultura, esplendorosa y milenaria, a la contracultura: y encuentro Tetsuo, the Ironman. Entenderá el lector (si lo hubiera) que todo este largo preámbulo tal vez sea un modo de escabullirme del forzoso acercamiento a la cinta; y es que no hay un modo acertado de describirla. Atemporal en su ejecución, adelantada a su época en su planteamiento, siniestra, ilegible… vanguardista o baladí? Solo podría decir que su apreciación es en si un ataque a los sentidos, una inyección de adrenalina en la nuca; nos embarcamos en un viaje de vértigo que puede dañar pupilas acostumbradas a la tranquilidad de lo convencional; y puede que sea un viaje que no lleve a ninguna parte, que solo te deje tan o mas confundido que al empezar, mareado, bizco y/o con dolor de cabeza; y es que esta chirriante cinta tiene su encanto en precisamente no tener un ápice de conceciones, en ser personalisima de principio a fin, y nos abre las puertas a la mente esplendorosa y pérfida del admirado Shinya Tsukamoto, tal vez poco mas que anónimo por estos lares, pero quien es considerado en oriente, con esta película, como uno de los padres y abanderados de la nueva ciencia ficción. Con escenas que rozan lo gore, solo un par de diálogos y filmada en blanco y negro, podría percibirse al director de este film como un aplicado e irreverente alumno de los geniales “Davids”, Lynch y Cronemberg, y que toma por supuesto la escuela asiática de los subgeneros de monstruos, del manga, dándose las licencias propias de un genio retorcido, pero que no deja de ser interesantisimo de apreciar; y con todo esto, tengo (y tenemos) motivos suficientes para asomar mas al cine asiático, comercial o no, y reencontrarnos con historias del calibre de “El Imperio de los Sentidos”, “Hero”, “Crouching Tiger, Hidden Dragon”, “Old Boy”, y así, reconfirmar la milenaria sabiduría y buen arte que se encuentran tras esos ojos rasgados… konbanwa….
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