martes, 23 de noviembre de 2010

Y bailare, sobre tu tumba!

Hay en el transcurso de la azarosa vida, momentos simples, alegres, momentos en los que no necesitas nada más que la compañía de los amigos, esos amigos que el tiempo se encargara de convertir en entrañales; y que mejor que compartir esos momentos Kodak con un poco de ron, pop corn para micro hondas y por supuesto, una película salpicada de sangre, tripas, y de un corrosivo y séptico sentido del humor; me refiero a “Reanimator”, cinta dirigida por Stuart Gordon en 1985 y basada parcialmente en los cuentos del genial H. P. Lovecraft, tándem que nos dejo un inusual clásico, el cual no ha envejecido un ápice, y que mas allá del terror a sabido conservarse (o resucitar?) gracias a esos guiños a la comedia, negrísima, acentuada por la ligera afectación de sus eficientes protagonistas y por ser en si misma una parodia y a la vez un manual de cómo se hace una película de terror con verdadera pasión… el argumento no es difícil de imaginar, pero cabe resaltar que no sigue los lineamientos exactos de la saga de George Romero por citar un ejemplo; Un joven y brillante científico (Jeffrey Combs) es expulsado de suiza por sus experimentos reñidos con la ética, por lo que decide continuar los mismos en una universidad de USA y rápidamente logra captar el interés de un joven colega (Bruce Abbott) quien le da pensión en su casa, y no tarda en envolverlo en la seducción de ser como un dios, y dar el don de la vida a los que ya no la tienen mas, empezando por su gato (pobre) hasta llegar al rector de la universidad, a la sazón padre de la novia de Abbot, poniendo todo fuera de control; mención aparte al Dr. Hill, interpretado por David Gale haciendo un doble papel (ejem, se podría decir) haciendo de sus escenas de las mas jocosas, delirantes y repugnantes que recuerde haber visto… eso sí, antes de recomendarla con el mayor entusiasmo, podría invocar abstenerse a los poco entusiastas de los 80s, a los estómagos sensibles y a los amantes de los gatos… el resto, puede pasar un rato tan lleno de carcajadas y reverencia a la pantalla como el que pase el ultimo Halloween, carcajeándonos a más no poder y esperando en vano a que los niños toquen el timbre por sus caramelos, cosa que no hicieron por alguna extraña razón…

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