
Una tremenda disyuntiva y una billetera vacía, me impiden hasta ahora hacer algo que bajo circunstancias parecidas hubiera hecho sin siquiera pensarlo media vez: comprar mi entrada para ver a Guns and roses. Así es, la mítica, extraordinaria y demencial banda caerá por estos Lares olvidados por el señor el 25 de marzo. O, corrección, (y he aquí la maldita disyuntiva) quienes realmente vendrán es Axl y “sus” Guns and roses. No pues, como todos sabemos no esta Slash, Izzy, Duff… seamos sinceros, no esta Slash. Tal vez hasta Duff pudo ser reemplazable. Pero el talento y carisma del guitarrista del sombrero de copa, no. Quien como el para esos solos arrolladores, esas notas sacadas de cuadro, quien tocaría como el esa (per)versión del tema del padrino; recuerdo con mi amigo Paris, que creo que fue quien me los presento, escuchando “Wellcome to the jungle” mientras pintábamos un cuarto de su casa; tendríamos entre 10 y 12 años, y como cualquier chico de esa edad en esos aurorales noventas, me peinaba como Vanilla ice, mis ídolos eran las tortugas Ninja y escuchaba furtivamente (por no darle la razón a mi hermana) los buenos temas que tenia Locomia. Hasta que llegaron estos desadaptados, drogados hasta el vértigo, alcoholizados hasta el delirio, a enseñarme que OK, esta bien, sigue con tus pavadas de mocoso, pero aquí estamos nosotros, y te sacudiremos; no tarde en hacer que me compren mi polo de la cruz con calaveras, en poner mi parche de otra calavera en mis jeans, en hacerle huecos a estos, en pegar sus postes en mi cuarto y por supuesto llenarme de sus casettes. Bendito rock. A despecho de su corta carrera (87-93) lograron ser la banda más influyente de ese tiempo. A despecho también del post-punk aun en vigencia, del reinante grunge, de los New kids on the block, ellos, con su crudo disco inicial, el “Apetitte for destruction”, dejaron el campo libre y al mundo expectante para tomar los noventas con el doble “Use your illusion”, de donde no hubo quien no llorara (paradójicamente) con “Dont cry”, no hubo quien no apreciara la belleza de “November rain”, o apreciara mucho mas la violencia de “Terminator 2” con “You Could be mine”; pero paralelamente al suceso del doble plástico, se acentuaron sus problemas. Seria ocioso repetir las diferencias de prioridades entre los lideres de la banda (Slash quiere mas rock, Axl quiere experimentar, Slash quiere algo mas artístico, Axl mas dividendos), diferencias que hasta la fecha han sido insalvables. Luego del “Spaghetti incident?”, un gran disco de covers, solo hubieron algunas colaboraciones ocasionales, las que desgraciadamente (léase “Symphaty for the devil”) sirvieron para terminar de sepultar la endeble relación entre ellos. Y bueno, varios lustros después, Axl y sus nuevos amigos tocaran esos grandes temas (ah y también los del “Chinese democracy”… bueno) acá en esta nuestra pintoresca ciudad. La mayoría cree y no sin tener razón, que la esencia de una banda esta en su frontman, en la voz que da vida a las canciones, y en este caso no tendría porque ser diferente; pero lo es. Y aun así, ese maldito bichito de la nostalgia, de la juventud perdida, de esos grandes momentos que pasamos (si, ellos, mis amigos y yo) pueden volver, por una noche, por unas horas; en una veintena de canciones podré volver a ser ese adolescente perdido, enajenado, ese que aun hoy me hace cantar a todo pulmón y menear la cabeza… esta bien, me rindo, iré.
Ahora solo falta resolver lo de la maldita billetera vacía.
Ahora solo falta resolver lo de la maldita billetera vacía.

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